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Historia de Cercedilla

Cercedilla Bosquejo Histórico

B

Autor: Fernando Negredo

Cercedilla entra en la historia de la mano de los romanos, ya que, sin perjuicio de que puedan encontrarse restos más antiguos, son estos los primeros pobladores de los que tenemos noticia. Sabemos por fuentes latinas la existencia de una casa de postas, o pequeña venta en el paraje conocido hoy como ermita de Santa María, que no era más que la última parada que podía realizar el viajero en su tránsito por el Guadarrama al recorrer la calzada que, desde Segovia bajaba a Titulcia a través del puerto de la Fuenfría, poniendo en comunicación dos de las principales arterias viales de la época.

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Puente Romano junto a la estación de Renfe

A pesar del tiempo pasado, todavía hoy es posible transitar por esta primitiva carretera ya que se conserva un buen trozo de la misma entre las Dehesas y el susodicho puerto. Los elementos arquitectónicos más destacados son los puentes, que, aunque algo restaurados, mantienen su primitiva traza romana. Hay que hacer notar que en pleno casco urbano, y muy cerca de la estación, el excursionista curioso podrá detectar que la actual carretera M-601 transcurre sobre la antigua calzada, ya que el puente sobre el río Guadarrama es claramente romano.

 

Con la llegada de los bárbaros y la disolución de las estructuras sociales tardorromanas, parece adivinarse un traslado de la población del entorno de la calzada hacia la umbría de Siete Picos, aunque también es posible, como así se ha apuntado, que las poblaciones prerromanas, casi con toda seguridad de índole ganadero, prefirieran habitar la zona regada por el arroyo conocido como "regato del puerto" y los linares en dirección a Camorritos. Sea como fuere, es claro que en la Edad Media, la población de Cercedilla se ha desplazado hacia el norte, en torno a la iglesia parroquial de San Sebastián, centro del pueblo. Su misma planta, hoy en día casi irreconocible por las reformas y deterioros sufridos, nos permite aventurar una primera edificación de principios del siglo XII; pero quizá, para época musulmana, no debemos excluir su posible origen militar (vigilancia del valle).

 

Tras la Reconquista, y en consonancia con los procesos de señorialización de los siglos bajo medievales, Cercedilla pasó a formar parte del dominio de la Casa del Infantado, como otros muchos pueblos de la zona entre Buitrago y Valdemorillo, siendo Manzanares el Real y Colmenar Viejo los dos centros administrativos de los que dependía. Sabemos que para finales del siglo XVI, nuestro pueblo contaba con 164 vecinos lo que nos acerca a los 600 habitantes, dedicados a la agricultura y ganadería principalmente.

 

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Antigua fotografia de la Ermita de Sta. Maria

A partir del siglo XVII las noticias aumentan considerablemente y el archivo parroquial puede servirnos ya para investigar la vida de nuestros antiguos paisanos. Por él, sabemos que además de la parroquia ya citada de San Sebastián existían cuatro ermitas (Nuestra Señora de la Natividad, Nuestra Señora de la Soledad, Santa Catalina y la ermita del Carmen), varias cofradías y una Hermandad (la de San Sebastián). Durante el Barroco la población experimenta un descenso, acorde con lo sucedido en el resto de la Meseta, y a pesar de ello, el pueblo muestra una vitalidad importante fruto de la cual es su elevación a rango de villa el 21 de junio de 1630, y la compra de la jurisdicción a la duquesa del Infantado.

 

El siglo XVIII viene marcado por la construcción del nuevo puerto del Guadarrama, hoy conocido por el nombre de puerto de Navacerrada, que quitará gran parte del tráfico que hasta entonces seguía transitando por la antigua calzada o por caminos alternativos que también atravesaban la Fuenfría. A este respecto conviene recordar que una casa, ya en la provincia de Segovia, al poco de coronar el puerto, hoy totalmente en ruinas, fue construida por orden de Felipe II para abastecerse de leña y nieve en sus visitas a La Granja, antes de que los Borbones construyeran su palacio. Por cierto que sobre esta casa, edificada por el secretario del rey, Eraso, se han dicho muchas tonterías, queriendo ver allí un convento de templarios (nada menos) al que incluso, se le puso nombre "Convento de Casarás" lo cual es totalmente falso, pues es una corrupción del nombre casa Eraso, que D.Pascual Madoz en su diccionario inventó, siguiendo, según dice, las informaciones de los lugareños.

 

Retomando el hilo de la exposición, muy pocos cambios son de destacar en estas fechas; tanto es así que para mediados del siglo XIX el pueblo, según informe del Misterio de Hacienda, constaba de 170 casas y 760 habitantes, una escuela y un párroco, que también atendía a Navacerrada. Por aquel entonces los bosques, más densos y amplios que hoy, albergaban gran número de venados y jabalíes, no siendo raro el lobo ni las águilas. Algo de trigo y sobre todo centeno y cebada eran los cultivos más comunes, empezándose a extender en algunos rincones pequeñas huertas, muy poco rentables por la crudeza del invierno.

 

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Antigua fuente en el centro del pueblo, hoy desaparecida

 

Sin embargo, el acontecimiento quizá más importante de la centuria decimonónica para Cercedilla va a ser la llegada a sus montes de un grupo de selectos excursionistas que la promocionarán no sólo en Madrid sino también en otras partes de España: Los miembros de la Institución Libre de Enseñanza. Los discípulos de D.Francisco Giner de los Ríos van a recorrer una y otra vez las cumbres del Guadarrama, abriendo caminos convirtiéndolo en una magnífica zona de esparcimiento y reposo dentro de la naturaleza. A este respecto la línea férrea Madrid-Segovia, con parada en Cercedilla, posibilitará el acceso desde la gran ciudad.

 

 

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Izquierda: Francisco Giner paseando por los alrededores de Cercedilla.

erecha: Antigua vista del pueblo.

El siglo XX transforma al pueblo casi en su totalidad. La inauguración del tranvía al puerto de Navacerrada, más tarde hasta Cotos, el desarrollo de los deportes de invierno y el crecimiento económico en general que posibilitó a las clases medias el gozar de una segunda residencia en la sierra, transforman las actividades económicas de los habitantes produciendo un aluvión de veraneantes que se suman a los tradicionales, algunos de ellos tan ilustres como D.Santiago Ramón y Cajal, Vicente Aleixandre o Luis Rosales. Se produce una terciarización, perdiéndose los antiguos usos campesinos-ganaderos, aunque es cierto que aun quedan algunas familias que mantienen esa tradición- y siendo sustituidos por un gran desarrollo hostelero y comercial así como por la proliferación de lugares de ocio y diversión. No obstante, esta transformación no debe hacernos perder de vista algunos de los acontecimientos más significativos del siglo, como por ejemplo el desarrollo de la Guerra Civil en el término municipal, de la que hoy en día todavía quedan vestigios por ser frente durante los tres años de la contienda (la línea de trincheras es reconocible en las cumbres de Peña Bercial, y hasta hace muy poco se identificaban puestos de ametralladoras a lo largo del tendido ferroviario en la falda de la Peñota) En relación con este tema han pasado al anecdotario colectivo las peripecias del último alcalde que tuvo el pueblo en tiempos de la II República, que permaneció escondido durante el franquismo y sólo salió a la luz una vez muerto el dictador.

En definitiva Cercedilla es un pueblo con historia y con futuro que brinda al visitante la posibilidad de recrearse en sus paisajes como hicieron los soldados de Vespasiano pero también le ofrece una moderna visión de la vida acorde con los tiempos.

 

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